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Cine construido en Avd. Guadahortuna, 9, junto al río del mismo nombre, por entonces inicio del casco urbano; en frente, poco más arriba, se hallaba el lavadero público y el silo para el grano. Su inauguración podría datar de 1950, cuando el pueblo contaba con unos 4250 habitantes y los espectadores tenían que llevar sus propias sillas para estar sentados. Más tarde su propietario, Jacinto Molina, instaló sillas de anea, sujetas entre si formando filas. El patio o platea tendría un aforo de unas 500 plazas. La gente acogió de muy buena gana el cine ya que no existía entonces otro divertimento que no fueran los bares y las fiestas de agosto, y eran familias enteras las que se agolpaban ante la taquilla los domingos y días festivos para ver la sesión que, creo recordar, había de tarde y noche. Por entonces la palabra ocio se desconocía y el sábado era un día laborable más, los mayores trabajaban en el campo y los niños iban a la escuela y el llamado fin de semana `a la inglesa` todavía tardaría en imponerse a las costumbres ancestrales de este país. El portero del cine era un tal `Parrero` que vivía al final de la calle Los Leones y el operador de cabina trabajaba en la fábrica de harinas, después sería Juan Cámara. Existía sólo un proyector al que había que cambiar las bobinas por lo que se hacían necesarios un par de descansos. Debajo de la cabina cierta vez encontré un trozo de celuloide que contenía varios fotogramas; aquello fue todo un hallazgo para mi. Parece que estoy viendo el vestíbulo del cine lleno de carteles de películas y el llamativo forrado de las paredes con fibra de vinilo para evitar resonancias. Por cierto que si te caía encima dicha materia picaba lo suyo. Delante de la pantalla, rectangular y redondeada por los picos, había un pequeño escenario, sin más tramoya, para actuaciones de artistas. Antes de la proyección la megafonía emitía valses como `El Danubio Azul`, cuando no el celebrado tema `Eugenia de Montijo`. Después del inevitable NO-DO, que era como una especie de lo que luego sería el "Telediario" en televisión, venía la película; las más programadas eran las españolas, sobre todo clásicas del sello `CIFESA`, luego mexicanas que estaban de moda y eran baratas de alquilar, y las `americanas`, que así se les llamaba a las hechas en Hollywood, y de éstas las policíacas y de vaqueros. Por otra parte estaban aquéllos dramones italianos que tanto hacían sufrir a la concurrencia. Todas eran anunciadas en las carteleras que se colgaban en la plaza del pueblo (véase foto), primero en la esquina de la calle que va a la Iglesia, después en la fachada de la casa del propietario colgada de una ventana y más tarde en la esquina que da a la calle del cine.

Respecto al logotipo de `CIFESA` y su sintonía de presentación, que tanto me gustaba escuchar, en 1972, cuando fijé mi residencia en Valencia, descubrí que la imagen representaba la torre del Miguelete y la música era sacada de la obertura del himno regional valenciano. `El Beso de la Muerte`, film de cine negro, sería de las primeras en ser programada y de la única que conseguiría folleto de mano que tuve colgado mucho tiempo en la cámara de mi casa. Algunas, como ésta, eran para mayores y la censura eclesiástica nos prohibía entrar a los niños y jóvenes. Viene a mi memoria otra: `Nobleza Baturra`, en la que actuaba el admirado Miguel Ligero, que tenía una graciosa secuencia en la que iba montado en un burro por la vía mientras el tren venía por detrás silbando a toda pastilla y decía:`¡Chufla, chufla, que como no te apartes tu...!` Y en `Morena Clara`, con Lola Flores y Fernando Fernán Gómez como el fiscal, éste le preguntaba a `Regalito` (Ligero) por sus apellidos contestando así: `Señoría, solo tengo uno; es que soy muy `probe`. Con `Corona de Espinas`, película muy descarnada sobre la pasión de Cristo, supe lo que era llorar en el cine.

A mis padres, Severiano y Dolores, les gustaba mucho asistir al cine. Los galanes preferidos de mi madre eran Jorge Mistral, que quedaba muy bien de bandolero en `La Duquesa de Benamejí` y otro sería el cantor Jorge Negrete con su maravilloso film `Allá en el Rancho Grande`. Por su parte, mi padre opinaba que el actor Manuel Luna `trabajaba` muy bien, sobre todo cuando hacía de malo. Tenían la tienda más grande y surtida de Montejícar y sus contornos sita en calle Santa Ana, 9, frente al pilar abrevadero, y no me resisto a hacer una relación de las existencias o mercancías a la venta: además de comestibles y ultramarinos había tripas y especias para la matanza, artículos para labores del campo, bicicletas, aparatos de radio, relojes, juguetes, colonias, calzado de goma, licores de Bodegas Espinosa, vinos de Bodegas Brotons, miel de caña de Frigiliana (un camión entero), productos de navidad... hasta ataúdes, sí, (yo me metía dentro) ya que era también la funeraria del pueblo, vamos, un establecimiento avanzado al estilo de "El Corte Inglés". La tienda cerró al finalizar 1956 por traslado a Jaén.

El añorado cine "Alta Coloma" tuvo que cerrar avanzados los años 70, cuando ya en todas las casas había televisión... y en color. En 2021 este vetusto edificio que fue fábrica de sueños para muchos montejiqueños aún sigue en pie aunque en estado de abandono a la espera de que se le de una nueva aplicación o sea derruido.

Colaborador: Severiano Iglesias Tortosa