JAÉN - TEATRO CINE SAN LORENZO (de verano)

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A escasos cien metros del lugar donde se encontraba este teatro cine, hoy calle Almendros Aguilar nº 46, se halla el arco de San Lorenzo que es parte de la extinta Iglesia del mismo nombre erigida entre los siglos XIII y XIV, siendo declarado monumento nacional en 1877 y restaurado en 1969. Según relata Benito Rus Morales, el 19 de julio de 1894, en este lugar se inauguró un teatro de verano que a pesar de tener una notable actividad representando grandes obras con figuras en escena sólo tuvo vigencia esa misma temporada para cerrar el 28 de agosto de forma definitiva. Algo insólito.

De sus ruinas saldría en el verano de 1953 el Teatro Cine San Lorenzo de la mano de José Pancorbo Alcalde, a la sazón propietario del Bar San Francisco, quien apostaría por el cine. El aforo previsto era de 400 localidades para preferencia y 580 de general, pero en la fotografía se observa que el patio o platea estaba un tanto comprimido para albergar a una importante cantidad de público pudiendo contarse 720 sillas metálicas y calculo que habría casi otros tantos asientos ubicados en sus numerosas bancadas de cemento que constituían la grada de general y a la que se accedía por otra puerta que daba al callejón que aparece en la pared de la izquierda. La cuestión del aforo puede que tuviese algo que ver con la falta de salida trasera. Pues, bien; en "La Botillería de Jaén" se cuenta que esta salida de emergencia que recaía a la calle Parrilla estaba en terrenos del prestigioso médico Emilio Arroyo (1885-1962), quien tuvo el gesto de ceder el espacio para que la hicieran. A cambio, los dueños del cine construyeron un palco para que esta familia pudiera ver las proyecciones desde su casa. El mismo es el que aparece a la derecha de la foto.

A ambos lados, debajo del escenario, existían puertas de acceso al patio de sillas a las que antecedía un vestíbulo situado en la planta baja donde estaba el bar, espacio para las taquillas que daban a la calle y vitrinas acristaladas nada más entrar por la amplia puerta donde se exhibían carteleras. Mientras funcionaba el bar esta puerta principal permanecía abierta. En la fachada podemos ver una estrecha planta con ventanas, estando rematada interiormente en su parte alta por los perfiles de la encalada pantalla, bastante pobre por cierto. Da la impresión de que los camerinos ocupaban este espacio repartidos en distintos habitáculos. En los primeros programas de mano aparece el nombre del propietario y empresario que comenzaría con fuerza estrenando las primeras películas `en relieve` que se dieron en Jaén con dos máquinas proyectando al unísono y teniendo que ser vistas con unas incómodas gafas bicolores de cartón. Este invento no llegó a prosperar hasta años después que fue perfeccionado, hoy es el 3D. Creemos que fue en 1955 cuando el cine ya contaba con pantalla panorámica para proyectar películas en CinemaScope y en este caso a cada uno de los proyectores había que adaptarle una lente anomórfica.

Como sucedería en otros casos el acaparador empresario Juan Ramírez de Torres terminó por hacerse con esta sala que ofrecía buenas expectativas. A nadie se le escapa que no sale lo mismo alquilar 4 películas a la semana que 40. Todo indica que el San Lorenzo sería reabierto la temporada de 1957 para continuar programando películas con la particularidad de que era aquí donde solía comenzar el ciclo de filmes que luego iban rotando a diario por el resto de cines de barrio de la empresa Norysur. Alternaría con espectáculos en vivo, por lo menos una decena cada temporada, y por su escenario pasarían compañías de variedades con los más afamados artistas y cancioneros de la época.

Y una anécdota: en el verano de 1958 se estrenaría la película alemana con título sensacionalista `El Rey Loco` siendo muy publicitada previamente por la prensa y radio locales lo que propició que aquél día las localidades se agotaran, pero la cinta -tolerada para menores- defraudó bastante transcurriendo sus casi dos horas de metraje entre interminables diálogos palaciegos lo que despertó la ira de los espectadores más jóvenes que, incluso, llegaron a tapar las troneras de la cabina. Al finalizar la proyección el gran rollo sería guardado en sus respectivas latas y transportado en saca para ser devuelto a la distribuidora. Para digerir filmes `freudlerianos` como este, inadecuados para una sala veraniega, en la década siguiente se inventarían los `cines de arte y ensayo`.

Los golosos solares de los cines que funcionaban al aire libre pronto terminarían todos convertidos en edificios de viviendas. Después de los cuatro que hubo en la Avenida del Generalísimo, éste sería el siguiente en desalojar terminada la temporada de 1966. La especulación inmobiliaria ya había llegado para quedarse.



Imágenes y textos de Severiano Iglesias.

Colaborador: Severiano Iglesias Tortosa