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Teatro diseñado por el arquitecto malagueño Manuel Rivera Vera y construido en solo un año sobre los antiguos edificios de Alhóndiga y Cuartel de San Rafael. Para ello se constituyó una sociedad jiennense con un capital inicial de 25.000 pesetas. En un Jaén de escasos 27.000 habitantes fue inaugurado el 26-09-1907 y podemos ver el programa de actos y los precios. De estilo modernista destacaba su bóveda de la que colgaba una gran lámpara y sobre el techo magníficas pinturas de Enrique Vivó evocando a "Cervantes en el Olimpo". Disponía de tres telones; uno publicitario para diario, otro de terciopelo rojo y un tercero de acero para cortafuegos. Considerado entre lo mejor de la arquitectura civil del siglo la verdad es que sus gradas en forma de herradura eran incómodas y ya se había quedado algo obsoleto, pero... era el único teatro de la ciudad. Su aforo de 1140 espectadores se distribuía así: 436 plazas en el patio de butacas, 136 en palcos, 218 en anfiteatro y 350 en general o "gallinero" a una altura de vértigo por lo que por razones de seguridad existía un cable acerado en todo el contorno a un metro de altura lo que dificultaba la visión de los espectadores de las bancadas de atrás. Aquí el acceso era por la llamada Carrera y en el vestíbulo había un ambigú que rara vez se abría.

En 1908 ya programó cine mudo acompañado de orquesta entre otros filmes famosos como "La Rendición de Granada", de 20 minutos y un año después "La Dolores". En 1916 el local estrenó calefacción. En 1923, se venían dando buenas películas en cuatro o cinco partes como "El Hombre de Hierro" y la empresa de Agapito Payá y Manuel Cáceres presumía de estrenarlas incluso antes que en Madrid, como fue el caso de "Judex". Todavía existía afición al teatro aunque más aún para ver películas colosales como "La Mujer del Faraón", de Lubitsch, cuando lo más selecto de la sociedad jiennense vestía sus mejores galas para acudir a la cita nocturna. El cine se había convertido en la principal diversión del pueblo. También estaban de moda los espectáculos de variedades y el 5 de abril se subiría el telón para la Compañía Penella que llevaba la zarzuela "El Gato Montés" con el aliciente de ver a la cantante jiennense Lolita Méndez.

1927 fue el año del triunfo de Ramón Novarro con "Ben-Hur", y en el que el teatro pasó a manos de José Fernández Cuevas, un pionero del cine ambulante y competente empresario que procedía de Granada y que con el tiempo compraría casi todas las acciones del Cervantes. Posterior a su trágica muerte, acaecida en julio de 1944, serían sus hijos mayores, Pepe y después Ángel, los que llevaran sus negocios de cines, pero antes se abriría un paréntesis de más de una década con los locales de Jaén, ya que el 1 de mayo de 1946 el Cervantes pasaría a depender de la empresa Roldán y Cía. de Santander, societaria de la Norysur de Juan Ramírez, quien sería su gestor hasta final de los años 50. Antes, Cuevas apostó por el cine, que ya se había impuesto venía al arte escénico, apareciendo las primeras sesiones de matiné a precios populares aunque la función estrella sería la de las 10 de la noche. Así, consta documentación de fecha 23-9-1931 por la que el Cervantes solicitó proyecto de cabina para cine sonoro instalada en planta de Anfiteatro. Cabe en lo posible que esta gestión ya se hubiese ejecutado por adelantado, pero no se sabe. Parece ser que la empresa instaló equipos sonoros "Western Electric". En su última etapa funcionaron dos proyectores marca “Ossa”.

En 1932 se estrenó aquí el "Canto a Jaén", con letra de Federico Mendizábal y música del maestro Emilio Cebrián y el éxito fue tal que en 1935 sería elegido himno de Jaén. Por su escenario pasarían las mejores compañías nacionales; cabe citar las primeras apariciones de María Guerrero-Mendoza (1913), Marcos Redondo (1930), Lope de Vega, con Maruchi Fresno y Carlos Lemos, Mª Fernanda Ladrón de Guevara, Maestro Guerrero, Ismael Merlo y otras primeras figuras de la escena. Zorí-Santos-Codeso (luego ya sin éste) estuvieron viniendo a Jaén 40 años seguidos, excepto una vez por enfermedad de Santos. Más compañías de revistas: Celia Gámez, Tony Leblanc, Antonio Casal, Gila, Ethel Rojo, Juanito Navarro..., así como los mejores artistas de cada época: Miguel de Molina, Canalejas (al que la guerra le cogió en Jaén y estuvo tres años, casándose aquí), Juanita Reina, Lola Flores-Manolo Caracol, Antonio Molina, los jiennenses Juanito Valderrama y Antonio Amaya, Conchita Piquer, Dúo Dinámico, hasta llegar a Rocío Jurado, ya en 1968. En épocas doradas del cine se exhibirían grandes filmes, de algunos títulos hemos subido imágenes. El 20-4-1940 "El Capitán Blood, por Errol Flynn, obtendría un grandioso éxito; precios: Butaca 1,60, Anfiteatro 0,35. En 1963 vería aquí mi primera película con censura eclesiástica 4, "gravemente peligrosa" sólo para para mayores de 16 años, "Dulce pájaro de juventud". Fue el único local de la ciudad que adornaba su fachada con grandes carteleras pintadas por Sutil, un artista que tenía su taller en el barrio de la Magdalena.

Con fecha 11 diciembre de 1959 el Cervantes, de nuevo dirigido por la familia Cuevas, cerró por espacio de dos meses para llevar a cabo obras de ampliación en los servicios del eterno "Ideal Bar" que cogiera en traspaso Pedro Millán en 1926. El hall de entrada era aún más alto que sus puertas y estaba repleto de cartelería y fue rebajado tres metros para construir un restaurante, además de dotar de cornisa a la fachada que resultó mutilada. Por si fuera poco se instaló un anuncio luminoso de lavadoras "Bru" en todo lo alto de la cornisa.

Y en pocos años los acontecimientos se precipitaron; un dato revelador: en 1961 el local ofreció 225 piezas teatrales mientras que en 1966 se limitó a ofrecer una representación del programa de TV "Reina por un día", así lo cuenta Benito Rus Morales en su libro "El Cervantes", editado en 1992. En sus últimos estertores este emblemático local tuvo que sobrevivir programando películas de Tin-Tan y otras de saldo. Ofrecemos el dato hasta ahora inédito de sus últimas películas programadas: 13-14 de mayo de 1968 "Evangelina" (1959), y el día 15 y último "Eloísa está debajo de un almendro" (1949). A partir de esta fecha se apagaron las luces y el conserje, Enrique López, tendría que buscarse otra vivienda. En medio de la controversia, por prevalecer los intereses especulativos a los culturales, el 29 de octubre del mismo año fue sacado a pública subasta, pero antes se produciría la jugada maestra; el avispado empresario Juan Ramírez y hermanos compraron el edificio a la familia Cuevas y también la parte que tenía Pedro Millán. Al final todo fue a parar a RUMASA que procedió a la demolición definitiva en julio de 1975, quedando sus 1419 revalorizados metros cuadrados de superficie para la construcción de un moderno edificio multiusos que incluiría en sus bajos el consabido banco y un cine de igual nombre que su homónimo.


Imágenes y textos aportados por Severiano Iglesias.