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Cuando el cine ya se había convertido en el refugio de las clases populares y ante la escasez de salas se decidió actuar sobre los restos del viejo Teatro Principal de plaza de la Audiencia. Tras varios proyectos y larga reconstrucción (1919-1927), el Cine Darymelia quedó varado. Se denominó así por la amalgama de los nombres de las dos mujeres (Daría Urdapilleta la primera, y Amelia Yáñez la segunda, coincide que también tuvo dos hijas con los mismos nombres) del nuevo propietario que lo construyó, Justino Flórez Llamas (fue arquitecto Municipal de Jaén hasta 1925), optando por eliminar la planta de herradura del antiguo teatro diseñando una sala rectangular más propia de cine. El arquitecto falleció en Jaén en fecha 9-3-1927 a la edad de 79 años, antes del fin de las obras. No existe constancia de que en años posteriores el cine tuviese actividad alguna a pesar de que recordamos que en 1931 el cine sonoro llegaría a Jaén, la sensación que lograría cambiar las formas de ocio de este país y en la ciudad solo funcionaban dos locales cubiertos: Cervantes e Iris Park.

Tuvo que ser un empresario emprendedor de Navarra el que en 1942 viniese a rescatarlo de su letargo a la tierra con millones de olivos y pocos cines; Juan Ramírez de Torres y hermanos, apoyados por sus socios Roldán y Cía., a la sazón empresarios de varios cines de Santander. Así nació la Empresa Norysur que llegó a alcanzar bastante influencia en Jaén, siendo su gerente durante 40 años el santanderino Aurelio Céspedes Sanabria, a su vez apoderado de la constructora Trueba, S.A. que, una vez arrendado el local, fue la encargada de hacer la obras bajo la dirección técnica del arquitecto López Durán. Disponía de tres plantas: amplio patio de cómodas butacas (donde se instalaba la cabina), por encima una estrecha plataforma intermedia con un centenar de asientos y arriba amplio anfiteatro con un surtido ambigú en la antesala. A la entrada, el pasillo central delimitaba tres filas de delantera o preferente, incluyendo pequeños palcos adosados a los lados. La grada se situaba un poco más en alto compuesta por butacas de madera y con la inclinación suficiente para obtener una visión perfecta de la amplia pantalla. El aforo total rondaría las 1500 localidades. En fecha 5 de marzo de 1943, en funciones de 7,30 y 10,30 inauguró con el primer film inglés en Technicolor "Eso que llaman amor" (1937), aunque el sistema que triunfaría finalmente sería el Easmancolor, que era más económico. Aún se anunciaba como "película hablada en español".

Un año después se dotó a la sala de escenario y camerinos para competir con el Teatro Cervantes titulándose como "Teatro Cine Darymelia", pero siempre prevalecería el cine siendo su seña de identidad. Sin embargo, cabe señalar que en 1946 actuarían aquí las compañías de Niní Montián, María Guerrero y después Lola Flores y Manolo Caracol. En 1952 se daría un homenaje al ilustre guitarrista linarense Andrés Segovia quien ofreció un soberbio concierto. Y otro homenaje, esta vez al Ejército Español, con el estreno de la película `La Fiel Infantería`, el 6 de enero de 1960. Este mismo año se decidió potenciar la faceta de teatro para competir con el perdido Cervantes (ya propiedad de Cuevas), pero no obtendría el éxito esperado. Los afiches y cartelería se exhibían en el hall exterior de la entrada con escalinata de la calle Maestra por donde también se accedía al bar-salón del Casino Primitivo y a una sala de futbolines en las catacumbas. Los días de gran expectación la clientela se agolpaba aquí para entrar a presenciar una nueva sesión mientras el local era desalojado por la salida que daba a la Plaza de la Audiencia. Y el jefe de sala, Sr. Gerardo, hombre de confianza de Norysur, siempre atento en la puerta.

En los sótanos -donde en origen se pretendía construir unos baños públicos- se almacenaban las películas que la empresa tenía para programar en sus numerosos cines, casi todos de verano. Cada semana llegaba el camión Ebro de "Sevilla Films" con lotes de películas nuevas y retiraba las ya programadas. En los días lluviosos de verano el Darymelia reabría sus puertas para albergar alguna sesión de las suspendidas, en particular del San Lorenzo o Rosales, que eran los locales más cercanos. Recuerdo un día de chaparrón imprevisto que nos remitieron desde este último, la película a ver era `Deserción`. De toda esta intendencia, llevar y traer sacas con bobinas, pizarras rotuladas por Pedro López, pegar carteles, repartir prospectos, etc. se encargaba un empleado muy eficiente de nombre `Juanito`.

El añejo Darymelia sería periódicamente remozado, la última vez en octubre de 1980 cuando cambió toda la platea por novísimas butacas. En los últimos años de actividad este local, que tantos éxitos había programado alternando con el Lis Palace, tendría una evolución variopinta en su programación derivando a las películas clasificadas `S` por su elevado contenido de violencia o sexo con títulos que ruboriza mencionar. Pero, era lo que demandaba gran parte del público. Acuciado por la crisis del sector y tras 42 años al servicio del público echaría el cierre en febrero de 1985, año que, junto con los dos anteriores, marcaría la cota más alta de deserciones de cines en España.

Pero, la historia del Darymelia no acaba aquí...

Texto de Severiano Iglesias.

Colaborador: Severiano Iglesias Tortosa