CALASPARRA (MURCIA) - CINE RIALTO
En 1986 el cine Rialto cayó abatido en medio de una polvareda roja y blanca.
Antes de la última y desafortunada reparación, el patio de butacas del cine Rialto tenía el suelo de madera y
una suave pendiente que permitía que todos los espectadores pudieran ver lo que sucedía en la pantalla sin
estorbarse lo más mínimo. Tenía las butacas mullidas, forradas en terciopelo granate, de una calidad que fue
capaz de soportar durante décadas el sobo de más de un millón de posaderas en las sufridas sesiones invernales
sin que ello produjera un serio menoscabo de su tela. Los asientos, que eran abatibles, tenían un
comportamiento silencioso y los brazos eran de madera labrada.
En los primeros años de la década de los 80, cuando los cines estaban heridos de muerte por la incipiente
proliferación de los reproductores de vídeo, un esforzado empresario se empeñaba en vano en sostener un negocio
que tenía los días contados y así, media docena de espectadores, podían ver películas tan recientes que, en
algunos casos, hasta se gozaba del privilegio de disfrutar de ellas algunos de días antes de que se anunciara
oficialmente su estreno en toda España. Pero ni esa práctica, ni el módico precio de las entradas, ni el
aliciente de merendar en el cine un chusco de atún en aceite rociado con zumo de tomate, acompañado de un
botellín de cerveza, fueron suficientes para mantener vivo un gigante que se alzó en el primer cuarto del siglo
pasado, como una promesa de inacabable esparcimiento por la magia del celuloide, y una mañana de 1986, también
bajo las órdenes de un director de escena, el brazo poderoso e inclemente de un bulldozer atravesó las entrañas
del viejo cine Rialto y éste empezó a desplomarse en medio de unos gritos de dolor que nadie comprendía entonces.
Ahora, como suele ocurrir con todas las cosas que se dejan morir o se matan para añorarlas luego, en Calasparra
se sueña con el día en que la voluntad caprichosa de alguna corporación municipal se plantee la hazaña de
levantar un nuevo templo para rendir culto al 7º arte, y colgar un letrero en el dintel de su puerta que diga
CINE RIALTO.
Colaborador: Diego Fernández Valdivia










